Blanco, negro. Hombre, mujer. Si, no, tal vez. Igualdad?

Viajas por el mundo, charlas con la gente, observas, meditas, aprendes, hasta que llega un punto en el que crees que poco te puede sorprender, que todo lo has visto, que estás curado de espanto. Pero cuan alejados de la realidad nos encontramos, todo es una cuestión de perspectiva y de lo que cada persona esté dispuesta a observar, a seguir abriendo la mente, a reconocer que en realidad, no somos nadie, una pequeña gota en un océano de gente, de culturas, infinitas culturas y que nuestro camino no termina aquí, en este instante, sino que siempre que estemos dispuestos a abrir los ojos y aceptar lo que el mundo nos ofrece, seguiremos enriqueciéndonos, creciendo y quizá comprendiendo mejor lo que nos rodea, haciéndonos un poquito mejores cada día.

Filipinas tiene un poco de este efecto. Antes de aterrizar te haces una idea, esperas una serie de puntos preestablecidos. Seguro que es un país espectacular, islas paradisiacas, lugares únicos y siendo un país del sudeste asiático con la realidad que viven y tras los últimos años, seguro que es un caos, no hay ley ni orden y los derechos humanos brillan por su ausencia. Bien, si y no. Es un país increíble, por su puesto, pero en materia de derechos e igualdad, al menos un servidor, me llevé una sorpresa en ocasiones grata. Lo cierto es que esperaba una brecha enorme, difícilmente salvable, pero para mi asombro, esta diferencia existe, pero no está tan fuera de nuestro alcance.

Hace unos años, el WEF (World Economic Forum) situaba en su estudio de igualdad en materia de género, a Filipinas como el quinto país más igualitario del mundo y a día de hoy sigue en el top 10. Aunque es un estudio reconocido y Filipinas es un país relativamente avanzado en esta materia situándonos en la zona geográfica a la que pertenece (primera grata sorpresa que me llevé), yo no estaría totalmente de acuerdo con el posicionamiento final y no tendría únicamente en cuenta los puntos en los que se basa. Todo está en función del acceso a la educación, política, puestos de trabajo o factores de salud.

En cuestión de educación, la evolución es clara y palpable. Ambos IMG_20170312_151142sexos disfrutan de acceso libre a la escuela y la alfabetización masculina y femenina es similar. Incluso los números en la universidad son parecidos.

En política, la cosa difiere un poco. Se presumía de que las representantes femeninas en el gobierno eran muchas, pero sus puestos son menos relevantes (aunque antes del actual presidente contaban con una mujer en el más alto poder). Actualmente, la expresidenta se situaba como vice, pero ya ha sido relegada de su puesto por Duarte.

En cuanto a los puestos de trabajo, las mujeres se han ganado a pulso su acceso al mundo laboral, pero la brecha salarial sigue marcando la diferencia y las altas esferas están desiertas de mujeres. Esos sí, compañías más progresistas ya incorporan a las mujeres en los puestos de mando.

El estudio se centra en estos puntos, pero quedarse ahí se me antoja superficial. En el día a día y a simple vista continúa pareciendo una sociedad bastante igualitaria y quizá algunos lo vean así, pero si se observa con más atención, podemos encontrar los comportamientos machistas más arraigados.

Uno claro es que aunque las mujeres emplean gran parte de su tiempo trabajando fuera de casa, siguen siendo ellas mismas las que cargan con el peso del hogar, véase, trabajar fuera, volver, ocuparse de la familia y limpiar, ofreciendo ayuda el hombre sólo en contadas ocasiones. Vida social para ellas? En el mercado. Los habitantes de ciudades más pobladas se empeñan en negarlo, pero es únicamente por no admitir la evidencia, aunque en algunos lugares salte más a la luz.

Algo mucho más evidente y claramente marcador del machismo es la prostitución. Filipinas se ha convertido en un claro ejemplo de turismo sexual y trata de blancas (mafias coreanas lo controlan todo), y la situación crece alarmantemente acogiendo con los brazos abiertos el testigo que Tailandia cede poco a poco. Los famosos “barrios rojos” que encontrábamos en Bangkok o Amsterdam, nos los topamos en incontables ciudades del país. Algunas emplean la prostitución como único reclamo, otras aprovechan diferentes atractivos y le suman la oferta de mujeres. Yo mismo, perdido en mis propios pensamientos, me he visto rodeado de un número de mujeres que no puedo ni recordar por lo sorprendido que me ví y he tenido que abandonar lugares en los que me encontraba bien agusto con la cabeza gacha y el amargor en la boca que siempre queda cuando te das cuenta que no todo es lo que parece.

Political Turmoil Continues In Thailand

Y este reclamo femenino no está orientado únicamente a los turistas extranjeros, sino que son ellos mismos, los locales, los mayores amantes de esta práctica, los grandes consumidores. Una vez más, quizá el oficio más antiguo del mundo, es una de las grandes lacras sociales y la que genera mayor desigualdad y delincuencia.

Otro tema a tener muy en cuenta es la homosexualidad. Aquí nos podemos dar de nuevo con el muro invisible del engaño. Todo se toma como normalizado, se trata con un tema asimilado, donde no existe la discriminación, pero es la capa superficial. En primer lugar, los hombres están mejor integrados en la sociedad, pero tanto ellos como ellas, aunque puedan mantener una vida sin ser juzgados, llega un punto en el que se espera más y deben convertirse en padres y madres, generar algo adicional, sino son bichos raros y todo ese ambiente de aceptación se desvanece. Aquí las dos caras de la moneda.

Un foco de desigualdad realmente impactante y que marca el comportamiento es la pobreza. Mientras que en pequeños pueblos e islas han aprendido a desenvolverse con soltura, a vivir con lo mínimo y lo puesto, en el día a día, disfrutando de lo que les ofrece su entorno natural, sin más necesidad que lo que conocen, un pez, arroz, la familia, los amigos, en las grandes ciudades, especialmente en Manila, la diferencia es sorprendente. Se puede observar gente con dinero a raudales, adentrarse en el barrio económico y respirar mayor tranquilidad, limpieza, un mundo paralelo desconocedor de lo que sucede en la zona vecina. Pero salir de ahí implica encontrarse a lxs niñxs de la calle, personas sin hogar, barriadas donde la suciedad impera y los ciudadanos conviven con ella. Y para mayor consternación, hay que ver la insensibilidad del prójimo, la ignorancia ante lo que para los demás no vale nada. Mendicidad, suciedad, pobreza, delincuencia forzada y aprendida, esa es la cruda realidad para muchxs.

Así que sí, con todo lo dicho hay que admitir que Filipinas es un país sorprendente por hallarse donde se halla, por encontrarte lo que te encuentras, pero no es oro todo lo que reluce y o se hace un mayor esfuerzo en determinados temas o no sólo se quedarán estancados y vivirán engañados, sino que la situación irá en declive. Esperemos estar a tiempo de empujar la realidad hacia buen puerto.

“La igualdad es el alma de la libertad; de hecho, no hay libertad sin ella” –  Frances Wright

IMG_20170312_160152

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s