Mujeres devadasi, condenadas por la religión

Muchas personas en el mundo dirán que no son fácilmente impresionables, que lo han visto todo o casi todo en este mundo, incluso yo mismo, a veces, tengo esa desagradable sensación, pero aquí nos topamos con una realidad que difícilmente puede dejar a nadie indiferente, y si así lo hace, hemos encontrado un verdadero corazón helado.

India es rica, India es pobre, es alegre y es triste, pero sobre todo, es hinduista y muy y digo MUY, machista. La máxima expresión de la explotación masculina en nombre de la religión, la encontramos en las mujeres devadasi. Estas mujeres forman parte de un grupo que ni de cerca figura en el clásico sistema de castas, ni se asoman al estrato más bajo de las mismas, aquel al que pertenecen los que no son nada, los parias. Las mujeres devadasi, o más concretamente las niñas devadasi, pertenecen a los intocables, que representan más del 15% de la población hindú y están condenadas a una vida inmerecida desde la misma cuna.

Las devadasi viven en el funesto estado de Karnakata, al sur del país. Estas toman el nombre debido a una antigua tradición. Son niñas de entre ocho y catorce años, las cuales son entregadas por sus propias familias a templos dedicados a las diosas Yallanama o Hulgamma, por diversos motivos que se aúnan.

El principal motivo para entregar a estas niñas se basa en supersticiones. Básicamente, familiasimages (4) que se creen bajo el efecto de una maldición o que se hayan en dificultades económicas, sociales o de cualquier otro tipo (como esencialmente todos los intocables) donan a sus hijas con la falsa creencia y  burda esperanza de que todos sus pecados y mal fario, desaparecerán sin dejar rastro. Para sumar a este pensamiento absurdo y surrealista, encontramos razones mucho más reales y tangibles, como es el hecho de contar con una boca menos que alimentar y a su vez, evitar pagar una dote y endeudarse, por un futuro matrimonio, por su puesto concertado.

Pero las niñas pasan a ser puras esclavas del templo, sus propias madres o padres las entregan deliberadamente, pagando un tributo que a ellos poco afecta. Este no es otro que una vez las niñas alcanzan la pubertad, se convierten automáticamente en mujeres públicas, mujeres a las que niegan la posibilidad de elegir su propio destino y obligan a prostituirse por un dinero que nunca verán.

Estas niñas, mujeres a la fuerza, son altamente demandadas por los hombres, bajo la creencia de que violandolas, y sí, digo violandodescarga (2), porque esto no es otra cosa, utilicemos los nombres adecuados, se expirarán todos sus pecados, comenzando de cero. Digamos que es una forma de confesion.

La tradición de las devadasi está prohibida por la ley desde 1982, pero aún así se continua practicando por la subsistencia de las familias en extrema pobreza, condenadas por su propio sistema social.

Probablemente, la única vía real para acabar con esta lacra, pase por ellas mismas. Se debe ayudar a formar a estas mujeres para que salgan de su propia ignorancia, pues es la manera de que ellas mismas se defiendan y conozcan cuales son sus derechos.

Por suerte, existen asociaciones u ONG’s, grandes y pequeñas, como Manos Unidas o la ya nombrada It Will Be, que trabajan en este sentido. Especialmente interesante es el proyecto de Manos Unidas en Sindargi, donde ofrecen formación en diversas materias y asesoramiento en salud, dirigido a que ellas mismas sean capaces de subsistir y abandonar su vida como devadasi, que para suma de todos sus males, les acarrea en multitud de casos contraer el VIH y el envejecimiento en las calles o burdeles de mala muerte.

Pero no sólo las ONG’s trabajan, ellas mismas han tomado sus propias iniciativas, creando cooperativas o incluso poblaciones enteras, donde únicamente viven ellas con sus hijxs, fruto de las violaciones, y se apoyan unas a otras, haciendo válido, una vez más, el dicho de la unión hace la fuerza.

Y esta es la triste y macabra verdad, el mundo en el que vivimos, sumidos en la ignorancia y en ocasiones, la cruel indiferencia ante situaciones creíamos del pasado. Y ahora continuemos con nuestras vidas… La cruda realidad.

“La prolongada esclavitud de las mujeres es la página más negra de la historia de la humanidad”. Elisabeth Cady Stanton, sufragista estadounidense.

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